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Este es el tipo de disco que demuestra por dónde cojea el dueño de este blog. Me parece una de las producciones más auténticas y más representativas de esa salsa subterránea, expansiva, libre, que manaba a borbotones por el Nueva York de comienzos de los años 70 y corría, discreta, de forma paralela a esa fastuosidad que fue repetida una y otra vez por otros artistas que estaban en primera fila. Además, es la primera entrega (de solo tres) que produjo ese genial y desgraciado pianista estadounidense que fue Mark Dimond –Markolino para los panas-, un mastodonte musical del que nunca se pudo conocer todo lo que habría sido capaz de dar.
Estoy hablando, por supuesto, de Brujería.

 Esta reunión de siete composiciones escritas y arregladas por Dimond, lanzada hace 40 años, fue el resultado de una conjunción de eventos que empezaron a desarrollarse en 1968, cuando él se hace pianista regular de la orquesta de Willie Colón, sorprendiendo (apenas tenía 18 años) por su virtuosismo a la hora de cincelar las teclas y elaborar unos arreglos muy complejos y con swing. Era el tipo de músico autodidacta capaz de arreglar un tema mientras estaba en el metro camino del estudio de grabación; capaz de soltar un solo de piano de tres minutos y hacerte creer que lo que escuchabas era una bandada de pájaros volando libremente entre los acordes de un bosque.
Su trabajo con Colón dio unos frutos interesantes, tal y como se ve en las melodías que soltó en los discos The HustlerGuisando (doing a job). Willie estaba encantado con las manos de este hombre, pero cuando cambiaron de mánager y contrataron a Richie Bonilla, este dijo que no iba a tolerar adictos a las drogas dentro del conjunto.
Y Mark tenía un serio problema con la heroína.
En las notas de la primera edición de este disco, Larry Harlow confiesa que la primera vez que le escuchó tocar supo que algún día tendría su propia orquesta, y que estaba muy orgulloso de poder presentar este trabajo, en el que aparecían como tutores Harvey Averne como productor ejecutivo y el propio Larry y Johnny Pacheco en la dirección de la grabación. A pesar de sus turbulencias personales -que no cesaron-, Dimond había conseguido a los 21 años cumplir el sueño de su vida: grabar un álbum.
El disco, que asume perfectamente el sonido que se estaba gestando en la ciudad con la nueva década al sumar en los metales dos trombones y una trompeta, empieza con Brujería: una pieza aletargada que poco a poco va in crescendo, mostrando las potencialidades del arreglo y la sofisticación de un estupendo solo de trompeta de Danny Reyes, que martilla sin piedad el montuno por el canal derecho, mientras los dos trombones de Richie Montañez y John fudgy Torres caminan a su lado, en el izquierdo, haciéndole comparsa; las voces de Ismael Quintana y Justo Betancourt aparecen en el coro con el resto de la orquesta. Un grave error: el solo de Dimond fue extirpado burdamente de la mezcla final -se nota perfectamente el corte- y no queda -que sepa- una copia de los originales, por lo que estará unicamente en la memoria de quienes participaron en la sesión.
El desquite aparece en el siguiente tema, Irmita, un son montuno lento, con un solo de Markolino -uno de los mas contundentes de toda la salsa- acompañado exclusivamente por los bongós, las congas, las maracas y el bajo, que empieza haciendo honores al soneo típico cubano para luego cambiar de tercio y subir como un cohete con unas articulaciones sonoras capaces de desconcertar al resto de los integrantes del conjunto. En Aguardiente la descarga se mete en los territorios vecinos del jazz, con otro solo de Dimond que juega entre lo clásico y lo moderno, sobrevolando el montuno y demostrando la versatilidad de su interpretación.
Tiene sabor es la canción-presentación de Mark Dimond y su conjunto Sabor, tan a la usanza en aquellos tiempos, con otro solo de Markolino, casi lírico, una intervención de Montañez que demuestra la ferocidad de los arreglos en los vientos, un solo de bajo de Andy González que casi se pasea por los predios del blues y unas pailas enigmáticas, pues los créditos no fueron incluidos en la contra carátula.
Mariquita -sin connotaciones homófobas- sorprende por la cadencia del son montuno, la longitud del tema, otro solo más de Markolino -largo, espeso, casi palmieriano, con silencios y mucho juego malabarista en las notas altas del teclado-, y la trompeta de Reyes, que vuelve a enhebrar los sonidos más elevados hasta lograr que el instrumento casi silbe. Yo no tengo pena es un lentísimo son montuno que contiene el típico canto misógino a la mujer ingrata que dominó buena parte de la escena machista salsosa -y no salsosa-, y alberga otro solo de Dimond, muy elegante en esta ocasión. Y el último tema, El barrio, tiene como sensación sonora esa atmósfera de vida a la que se enfrentaban los habitantes del bajo Bronx: la guapería como reafirmación ante ese permanente sentimiento de no pertenencia tan propio del gueto
Que yo le voy a contar el cuento
del sabio del barrio
Fui un día que yo lo vi

cantando en un bembé

Yo soy del barrio, mi socio
aquí te lo dejo saber
el hombre que está aquí en algo
ése soy yo
Yo soy del barrio, mi socio
yo soy
Este álbum, remasterizado y relanzado por Codigo Music recientemente, tiene una sola advertencia: aquellas personas que no estén acostumbradas a escuchar salsa les podrá sonar agresivo y tosco. Sí, porque es así. Porque la expresión subterránea no se ponía condiciones y era plasmada tal cual se sentía. Si a la tercera o cuarta escucha no se abre como una flor, ofreciendo todos los matices que lo hacen indispensable, entonces es que no estás hecho para escuchar expresiones tan auténticas.
No pasa nada.
Dejo para el final al intérprete del disco: el puertorriqueño Angel Canales. Denostado por César Miguel Rondón, este cantante no es santo de mi devoción, pero debo reconocer que su fraseo -un poco limitado- no hace sombra a esa música fantástica que le acompaña en el álbum. Canales supo, sin embargo, sacarle provecho a las potencialidades de la banda: una vez que Mark Dimond volvió a caer en los excesos de su vida, el grupo decidió reunirse alrededor del cantante, que se fue haciendo de un buen grupo de seguidores. Al punto que este disco fue relanzado en 1977 por Fania con otro nombre y portada, obviando absolutamente a Dimond de los créditos. Así se manejaban las cosas en la industria.
Cuatro años después de esta presentación en sociedad, y luego de dar algunos tumbos por el mundo musical acompañando a la orquesta Dicupé, y tocando en el lanzamiento como solistas de Ismael Quintana y de Héctor Lavoe, Dimond se embarcó en un proyecto increíble que terminó materializándose en uno de los mejores discos de toda la expresión salsera.
Pero esto será material para otro post.
FREE DOWNLOAD ÁLBUM: https://goo.gl/njyhWE
Fuente: Acangana

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